| COMPAÑERA
Perdóname te ruego mi compañera buena
yo se que fui muy malo, mucho te hice sufrir
y si lleve a tu vida desilusión y pena
es por la innata pena, de mi propio existir.-
Jamás podré ser bueno, ni aún para mi mismo
es algo fisiológico atávico ancestral
mi alma es tenebrosa como un inmenso abismo
que solamente incuba lo horrendo y anormal.-
Estribillo
Te quise por encima de todo lo que existe
a mi existencia yerma fuiste el supremo bien
allá en tus noches malas cuando estés sola y triste
si acaso me recuerdas, tenme piedad también.-
Perdón mi buena amiga, es mi desdicha tanta
que aunque encanallecido llora mi corazón
si aún no me maldices es que eres una santa
y aunque te lo implore, no merezco perdón.-
Yo soy un vil engendro, inadaptado loco
escéptico de todo quise creer en ti
y si te abandonaba, quería soñar un poco
evadirme del mundo, y olvidarme de mí.-
Aún van mis ideas, confusas y dispersas
yo sigo a la deriva, sediento de ansiedad
si ahora son mis penas, mas hondas y diversas
tu en mi recuerdo eres, oasis de bondad.-
Estribillo
Te quise por encima de todo lo que existe
a mi existencia yerma, fuiste el supremo bien
allá en tus noches malas, cuando estés sola y triste
si acaso me recuerdas, tenme piedad también.-
Letra: Bernardo Bousoño
Música: Alam Sosa Bousoño
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MI PERRO
Hace ya mucho tiempo. . .
en épocas lejanas fui pastor de ganados,
pastor de lindos sueños y largas soledades;
eran mis camaradas,
los árboles, los arroyos y los pájaros;
en los atardeceres,
cuando Hercules combate las tinieblas
disparando sus erizados lampos,
y vaga por los valles y las sierras
el cadencioso balar de los rebaños,
solía quedarme absorto,
fundido entre las brumas del ocaso,
como una antena cósmica,
en la inefable soledad del campo.
Después, venían las sombras en bandadas
y arropaban con amor el paisaje;
aparecían los duendes de los bosques
murmurando amorosos aquelarres,
y yo inundado en ansias infinitas
contemplaba el espacio inmensurable;
a veces, una estrella peregrina
encontraba una euforia en su agonía
para la fugaz trayectoria de su viaje;
cloróticas estrellas que se mueren
enamoradas de algún sol lejano.
Yo tenía un compañero en mis andanzas;
era fiel y abnegado
y también soñador y solitario;
era un hermoso perro vivaz y vigoroso,
sin pedigree ni raza definida,
mezcla de policía y galgo.
Sabía mejor que yo los secretos del campo;
todo lo percibía con su instinto infalible,
y tenía para cada animal
una voz y una actitud específica.
Si creía peligroso el posible enemigo,
por ejemplo: una crucera o un hombre,
se me acercaba, inquieto, interrogante,
temblantes las quijadas
y los pelos del lomo erizados,
me prevenía, me consultaba con el gesto y la mirada
el conocía la causa
del alerta del hornero en el monte,
del chajá en el estero
y del tero en el valle;
ocasiones, si le quedaban dudas
se deslizaba sigilosamente,
o salía disparado como un bólido,
después, algunas veces me llamaba.
Nunca dude que aquel mi perro amigo,
pelearía hasta la muerte por mi causa,
y que no he de hallar otro cariño,
que se de totalmente, sin pedir nada en cambio;
pero, aquella amistad tan leal y generosa,
era solo de un perro. . .
Después nos separamos;
me fui de los lugares de mis aventuras,
los vientos del destino me llevaron lejos,
y como buen humano, a aquel mi noble amigo
no dije una palabra al alejarme.
¿Qué pensaría de mí, que sentiría
aquel gran corazón de perro bueno?
acaso se diría: lo esperaba
era tan solo un hombre
luego de muchos años, retorné a mi querencia;
allí estaba mi amigo,
tan viejo como yo
y también tan huraño y solitario;
nos identificamos mutuamente,
y quizás a los dos nos llegaron
un tumulto, de recuerdos lejanos;
él venteo, me miró atentamente,
se me acercó con sus voces familiares,
restregó su cabeza en mis rodillas
diciendo su cariño y su alegría;
había olvidado mi ingratitud innata;
y yo bajo un impulso involuntario
y sin meditar si hacía el ridículo,
lo abracé emocionado.
Letra: Bernardo Bousoño |