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Alam
Sosa "Oigo
Nací en la ciudad de Treinta y Tres, con las inundaciones del 1959 y la
Revolución Cubana, un 13 de Noviembre del 59, nací en el corazón del Barrio
España, en la casa del altillo, Luciano Macedo 623, a media cuadra del
Hospital, y a una cuadra y media del boulevard Juan Ortiz o de la esquina
de lo del Gordo Saravia,(el escribano del Mercedes verde Basilicio
Saravia). Nací en el siglo pasado, y que lindo que era ese siglo, me sigue
gustando mucho mas que este, nací en épocas de nacimientos caseros, con
partera, época en que no existían las mutualistas, menos que menos en mi
pueblo, lejano de todo pero bien lindo pa’adentro. Viví en la ciudad de
Treinta y Tres hasta los 18 años, tuve una niñez y una adolescencia
hermosas, ricas en juegos, amistades y afectos familiares; enseñanzas,
olores, perfumes, paisajes, gentes, costumbres y misterios que me han de
acompañar para siempre. Pegado a casa
vivía el tabacalero Javier, Walter Javier, hijo de Nieves Javier, su esposa
Alba y su hija Rosario, compañera de juegos de mi hermana Kata, Walter
siempre nos daba las cajas de cartón grandes de los cigarros que usábamos
para jugar y guardar cosas, en el fondo de casa hacíamos verdaderas casas
de cartón para meternos dentro. Frente a casa vivían los Sanchez, el hijo
mayor “El Cachorro Sanchez”, gran jugador de futbol se fue a jugar a
Peñarol de Montevideo lo recuerdo bien, en épocas gloriosas de Peñarol,
luego se fue al exterior, Teresita era su hermana, desde chiquito por mi
padre ya era fanático de Peñarol, y agarré una época gloriosa con las
primeras Libertadores y la Primera Copa del Mundo, creo que en el barrio
éramos todos de Peñarol. Luego enfrente a mano derecha habían dos casas antiguas
en una vivían los Terra, sus hijos Mario y Violeta. Luego estaba Rosales.
En nuestra misma vereda hacia el hospital estaban los Arellano y en la
esquina tenían el viejo Almacén, donde comprabamos las galletitas María
sueltas, y las Trigal en aquellas grandes latas con visor, todo lo que
comprabamos era suelto, el azúcar, la yerba, todo, y te lo envolvían en
papel de astraza con esas maravillosas vueltitas que los dejaban bien
cerraditos a los paquetitos. Luego esquina cruzada abrió “La Flor de Siria”
de los Mutran, enfrente por José Reventós estaba el peluquero Almeida donde
yo me iba a cortar el pelo. Pegado a lo de los Sanchez pero a mano
izquierda estaban “Las costureras Fabeiro”, y allí estaba nuestro amigo
Joselito, luego doña María (siempre hay una doña María no?, exacto la que
rezongaba cuando nuestra pelota caía en su jardín, luego estaban los
Perdigón, el Mingo Perdigón, y en la esquina luego anclo Julio Noble el
zapatero, que cantaba tangos todo el tiempo mientras nos reparaba los
zapatos. Enfrente por nuestra misma vereda estaban los Sondereger. En la
esquina vivía el “Elefante Iguini”. A la vuelta el maestro De Andrés. A la
vuelta para el otro lado estaba la “Panadería La Esperanza”, de los Garcia,
Orestes Garcia y el Duro García profesor de Educación Física, Zulema y los
gurises Gustavo, Marianela y el más chico como era el nombre?, también
venían sus primos Gonzalo, Fernando y la nena era?. Frente a la panadería
la esperanza vivía nada menos que Rubito Lena, siempre se lo veía muy manso
con su melena blanca en el frente de su casa. Pegado a la panadería vivía
mi tiaabuela la maestra Maruja Bousoño con su esposo Manolo Melati. En esa
esquina estaba la Casa Lopez y esquina cruzada la Tienda Correa, un poquito
más allá lo de la “Nena Perez” y enfrente vivía nada menos que el “Negro
Camundá” sí el de la canción. LOS JUEGOS DEL
BARRIO EN LA NIÑEZ Muchos eran
los gurises que nos juntábamos en esa cuadra, y muchos los juegos de la
época y los que invetamos cuando aún no existían computadoras, ni tv cable,
ni siquiera casi tv, ni playstation, ni celulares, ni mp3, podíamos pasar
horas jugando a la bolita, guerras de coquitos con los coquitos de los
paraísos, guerrillas de agua, cuando llovía siempre nos dejaban salir a
jugar bajo la lluvia “que fiesta”, luego jugábamos carreras con barquitos o
palitos en las cunetas o contra el cordón de la vereda, el aro y el
andador, carreras con carros con rulemanes, con las figuritas que habían
muchas en esa época, a la arrimadita, a la montadida, a la levantadita, a
la escondida, a los cowoys, a los indios, a los soldados, a la mancha, a
los matreros, a las piedras, al martín pescador, a la pelota con la
correspondiente elección pisando como corresponde antes de cada partido, a
la paleta, al basquetbol, a trepar a los árboles, a robar naranjas o
tanjerinas, al ring raje, en fín no teníamos como aburrirnos, ni que hablar
que también jugamos a juego de caja como las damas, el ajedrez, el ludo
etc., a hacer casas con pasto y ramas o cañas, salir con la honda y piedras,
armar ranchitos con palitos y troncos, y hasta matar hormigas a martillazos
simulando que el martillo era un avión borbardero. LOS PERSONAJES DEL
PUEBLO DE MI TIEMPO - El Negro Cachango, como que quedó
grabada la imagen de ese negro enorme con su vozarrón de diariero
recorriendo el pueblo. EL LICEO EN EL AÑO
SETENTA Y ALGO Epocas lindas
y duras, pre y post dictadura, épocas de Tunicas Grises. Tuve buenos profesores,
y en una época los fueron a muchos grandes profesores, me acordaré de
algunos, Vesperoni en Matemáticas, Ofelia Machado también en Matemáticas,
Mujíca en Dibujo, Krushen en Química, Vaco en Ciencias en el Mundo Actual,
Garay en Matemáticas, El Morsa Olascoaga y su esposa Amanda Ferraro, la
Paquita Abreu en Francés, Clavijo en Geografía, Arbenoiz, Magallanes. APUNTES DE TREINTA Y TRES - Mi abuelo materno Bernardo Bousoño, gran tipo, murió en el año
1973, cuando yo tenía 11 años y cursaba 6to. año de escuela en la escuela
25.
- El negro Valentin Olivera llevaba
el diario “El Popular” a casa. LA CASA DONDE NACI La casa que
construyó mi abuelo Bernardo Bousoño, casa con un hermoso altillo que luego
fue mi cuarto de adolescente, escalera empinada de madera dura, al pie de
ella la vieja radio Phipils del abuelo, donde escuchamos voces de todo el
Mundo, la gran biblioteca con diccionarios y libros de todo tipo. Los
árboles y los perfumes del jardín del frente, una Magnolia Japonesa de
flores pequeñas y de un perfume que llevaré en la memoria toda la vida, el
hermoso Jazmin Paraguayo con sus flores blancas y violáceas, la mata del
jazmín de orixa también con un perfume exquisito, la jardinera del ventanal
del comedor. Las rejas del muro y el portón del garaje pintados de
amarillo. El enorme Palo Borracho del patio del costado, el Eucaliptus
Blanco con su tronco maculado, las panzadas de Nisperos que me daba en el
árbol del frente. El aro de basquetbol que coloqué en la pared del garaje
donde bastante entré y buenos frutos me dio. La Palmera Phonix donde
bastantes asados en el pincho asador del abuelo cominos y muchos choclos
asados. LA CALERA Nuestro
campo, lugar entrañable de los más lindos recuerdos de la infancia, la
casa antigua y querida de más de 100 años con su enorme campanario, con
su santuario, con su patio cerrado, con su aljibe, ese patio cerrado
rodeado de piezas como en las viejas estancias, piezas con piso de
ladrillos, paredes anchas, y un patio grande lleno de palmeras desde
donde se veían los cerros de Amaro a lo lejos. A su costado un Viraró, la
quinta con árboles frutales, gallinas, patos, pavos y chanchos. Las
enormes sandías verdes, y los grandes zapallos. Las pescas y los baños en
el Yerbal que era el límite del campo al fondo, internarnos en el monte y
quedar en tantos diciembres morados de comer pitangas. LOS VERANOS EN LA
BARRA DEL CHUY Que épocas
maravillosas, cuando terminaban las clases nos íbamos a veranear a la Barra
del Chuy hasta que empezaran nuevamente las clases, otras épocas, otro
Treinta y Tres y otra Barra del Chuy, cuando no existían robos y uno podía
dejar su casa de un año a otro y volver a los meses y encontrar todo bien,
mucho pasto algunas arañas y algún que otro alacrán pero nada más. Y uno
era chico y creía que el Chuy estaba lejos, y estaba nomás, el Omnibus de
Cachito, y aquella playa era ancha y marrón y salitrosa, e íbamos con
baldes a la playa y en esos orificios que quedaban al irse las olas
metíamos las palas y las sacábamos llenas de exquisitas almejas que luego
preparamos al mediodía. Y la playa era ancha y firme y se hacían unos
interminables partidos de futbol con muchos para cada lado y cada vez se
iban agregando más jugadores que venían de cerca y de lejos, habían muchos
picados a lo largo de toda la playa. Los partidos de Voleyball en los
atardeceres del Hotel De Leon hasta que caía la noche y solo quedaba tiempo
para ir a bañarse comer algo cambiarse y al “Stop” a jugar al futbolito o
las maquinitas hasta que empezara el baile en el “Hotel De León”, después
empezó el “Saveiro”, o si no se organizaban timbas de “9” en algún rancho
de algún amigo. Una vez vino a tocar “Credo” a la barra del chuy. Los
partidos de basquetbol y volleyvall en la cancha donde comenzaba Puimayen
atrás del almacen del “Grillo Wavner Priliac”. EL BOLICHE “EL
OLIMAREÑO” DE PANCHO COSTA EN EL BUCEO Cuando recién nos fuimos a Montevideo en plena dictadura, fue el
lugar de encuentro para todos los olimareños, el entrañable rincón de un
entrañable tipo como Pancho Costa, allí nos juntábamos sobre todo los
viernes para guitarrear, hasta festejé algún cumpleaños mío, allí me
encontré con el Paco Bilbao, con el Chito, con el Lulo Lucas, juancho
acosta, con el canto del “Peca”, el “oveja gutirrez”, el oscar massitta, el
duo los taiperos en ese tiempo con cacho olalde y enrique lopez, y muchos
otros. AMIGOS DE LA
ADOLESCENCIA El Flaco Hebert Fontes, Rubito Acevedo, Carlitos Acosta, Jeofredo
Perico Almeida, El Limón Carlitos Crizul, Rafael Ovelar, Daniel
Telechea. AMIGOS DEL
BASQUETBOL Fredie Pereira, Hebert Fontes, Carlos Crizul, Eduardo Sapo Silva,
Luis Floro Alvarez, Daniel Alvarez, Juancho Costa, José Luis Acevedo, Jorge
Flaqueron Rosas, Fredie Rosas, Nicolas Erdody, Carlitos Olalde, Pablo
Olalde, Francisco Manara, El Enano Cal, Fernando Matuli, el Gordo Ko,
Marcelo Varela, Dervis Hernandez, Cacho Robaina, Pablo Fernandez, Jorge
“Indio” Palacios, Juancho Laxalte, Camilo Helal, El Perro Tizot, Enrique
Castellón, Alvaro Alvarez, Walter Varela, Victor Hugo Lago, el Lito Lemes,
el Michu Mier. MIS CLASES DE
GUITARRA Comencé con Margot Gandarias Da Silva, hasta que me recibí de
profesor, recuerdo compañeros de estúdio y de exámenes de esos estúdios de
guitarra clásica: Ana Iscra, Alejandro Barrera, Alejandro Perez, luego ya de grande estudié algo de
folklore con Carlitos Gutierrez y Washington Fleitas, luego ya en
Montevideo estudie con el Laucha Prieto. COMPAÑEROS DE
COLEGIO SAN ALBERTO Y SANTA CATALINA DE SENA Gustavo Varela, Carlos Vesperoni, Juancho Laxalte, Jeofredo Almeida,
Jesús Sosa, Fernando Vaz, Raquel Silvera, Adriana Zuluaga, Anabel Rado,
Inés Sosa, Felipe Padula, Gerardo Solanas, Marta Olmos, Carolina
Almeida, Pablo Anastasia, Lorenza, Concepción COMPAÑEROS ESCUELA
Nº 25, 6º AÑO Miguel Sosa, Sandra Martinez, Mabel Chavez, Dorita Dos Anjos, María
Vargas, Miguel Angel Vargas, Angélica Teliz COMPAÑEROS DE
LICEO Homero Berriel, Jeofredo Almeida, Carlos Crizul, Ruben Acevedo,
Jorge Caraballo, José Ituarte, Hugo Fasciolo, Izidro Izmendi, Hugo Ubilla,
Aldo Ubilla, Raquel Silvera, Miguel Taboas, Uruguay Sosa, Jennifer Lago,
Gloria Fasciolo, Eduardo Nuñez, Mabel Perdomo, Doromil Perdomo, Iris Soto,
Rosa Zuluaga, , Ma.Angélica Telix, Jenny Leivas, Eduardo Espinosa, Javier
Pena, Daniel Acevedo, Adriana Pereira, el negro Lampes, Miriam Carrasco,
Eduardo Rocha, Pablo Anastasia,
Susana Ituarte, Mabel Fasciolo, |